Educar(nos) en tiempos de cuarentena. Una mirada desde la Educación Popular

Por Ornella Moretto, profe de la Escuela Popular Tinku

“La escuela es… el lugar donde se hacen amigos, no se trata sólo de edificios, aulas, salas, pizarras, programas, horarios, conceptos… Escuela es sobre todo, gente, gente que trabaja, que estudia, que se alegra, se conoce, se estima. El director es gente, el coordinador es gente, el profesor es gente, el alumno es gente, cada funcionario es gente. Y la escuela será cada vez mejor, en la medida en que cada uno se comporte como compañero, amigo, hermano. Nada de isla donde la gente esté rodeada de cercados por todos los lados. Nada de convivir las personas y que después descubras que no existe amistad con nadie. Nada de ser como el bloque que forman las paredes, indiferente, frío, solo. Importante en la escuela no es sólo estudiar, no es sólo trabajar, es también crear lazos de amistad, es crear un ambiente de camaradería, es convivir, es unirse. Ahora bien, es lógico… que en una escuela así sea fácil estudiar, trabajar, crecer, hacer amigos, educarse, ser feliz”

Paulo Freire.

El inicio del 2020 fue y está siendo muy distinto a lo que cualquiera se podría haber imaginado. Nos encontramos atravesando una situación inédita en nuestras vidas, con una pandemia que crece día a día a nivel mundial y que llevó, en algunos países más que en otros, a la necesidad y la decisión política de ponerle un freno a la vorágine productivista propia del capitalismo para resguardar la salud de la población. En una lectura temprana y acertada de lo que estaba sucediendo en los países más afectados por el coronavirus, el gobierno argentino decretó hacia fines de la segunda semana de marzo la cuarentena obligatoria. La gran mayoría de las actividades se suspendieron, exceptuando las más necesarias como los servicios de salud, la venta de alimentos y de productos de higiene y limpieza, entre otras. Las clases presenciales se suspendieron y la educación se volvió virtual.

El ciclo lectivo recién empezaba e incluso, en algunos casos, aún no había comenzado. Las aulas quedaron vacías, las escuelas abiertas sólo para el reparto de viandas para quienes cuentan diariamente con ese plato de comida. El Ministerio de Educación impulsó la educación digital a través de las aulas virtuales, la difusión de plataformas educativas, programas de tv, radio y cuadernillos con contenido educativo para los distintos niveles, con el objetivo de que podamos seguir “enseñando y aprendiendo” desde nuestras casas. Pero, y aquí surge la principal pregunta, ¿Es esto posible para todes? ¿Qué implica continuar enseñando y aprendiendo en este contexto? ¿Se trata simplemente de continuar con los contenidos y currícula obligatoria o es tiempo de reinventar la educación? Así como este contexto de pandemia mundial dejó al descubierto las enormes desigualdades que nos atraviesan, los límites del sistema capitalista y el fracaso de las políticas neoliberales que se reflejan en la crisis económica y del sistema de salud; en el campo de la educación nos estamos encontrando con los límites que el sistema educativo y la educación tradicional tienen para lidiar con problemáticas como las que nos atraviesan ahora.

Muchas reflexiones interesantes han ido surgiendo en torno a esto. Docentes de todos los niveles, pedagogxs, educadores, psicoanalistas plantean la importancia de poder pensar y reflexionar sobre lo que está pasando. Algunas de estas posturas se centran en el desafío que implicalidiar con la virtualidad para continuar con el ciclo lectivo, sosteniendo las materias y contenidos previstos a costa de una sobreexigencia sobre docentes, madres, padres y estudiantes que deben adaptarse rápidamente a este nuevo formato educativo. En otras se da más lugar a la reflexión acerca de las múltiples dificultades que plantean estos nuevos tiempos. Se problematizan las desigualdades que tanto docentes como estudiantes tenemos en relación al acceso a internet y a dispositivos tecnológicos, lo que nos plantea una desigualdad de condiciones muy importante en este pasaje a la educación virtual ¿cómo enseñar o cómo aprender a distancia si no tengo computadora o si no tengo wi-fi, o si en la casa se cuenta con un solo celular y no alcanzan los datos? En esta misma línea, se problematiza también acerca de las posibilidades y condiciones habitacionales para poder contar con un espacio y momento propicio para planificar o realizar una actividad, para participar de una clase virtual sin interrupciones o distracciones. Sabemos que en este punto tampoco tenemos todes las mismas posibilidades. Otras reflexiones nos invitan a repensar esta situación desde lo pedagógico. A contrapelo de la preocupación por el “atraso” educativo que esta pandemia generaría y del imperativo de sostener la educación más allá de todo, nos invitan a correr el foco, a pensar cómo esta situación nos afecta en múltiples sentidos económicos, emocionales, afectivos, y a repensar desde este lugar los propósitos educativos. Aparece la preocupación por la pérdida de los vínculos que se construyen cuando les cuerpes habitamos las escuelas y las aulas, la potencia del encuentro que no logra sustituirse en la virtualidad. En este sentido, se plantea también que es momento de construir el vínculo pedagógico desde nuevos lugares, que la escuela nos sirva para reflexionar sobre lo que está pasando, para construir información confiable, para poner en palabras los miedos y angustias que nos pueden estar atravesando. Se afirma la importancia del trabajo en equipo y la necesidad de forjar lazos solidarios entre docentes y estudiantes, así como también entre les docentes y entre les estudiantes mismes. En la mayoría de los casos, se resalta la importancia de trabajar sobre la solidaridad, lo afectivo, lo humano, lo comunitario.

Retomando estas valiosas reflexiones surge una pregunta inevitable: ¿estas problemáticas educativas que hoy aparecen con urgencia, remiten sólo a las dificultades que nos presenta este contexto de aislamiento social? Es decir, antes de que esto pasara… ¿Cómo abordábamos las desigualdades socioeducativas? ¿Qué vínculos construíamos en las aulas? ¿Había lugar para trabajar sobre las emociones y lo afectivo? ¿Pensábamos lo educativo como un trabajo en equipo entre docentes y estudiantes? ¿Se zanjan estas cuestiones sólo con la presencialidad en las aulas de un sistema educativo tradicional o es tiempo de transformar la educación?

Estamos ante una coyuntura que nos exige detener la maquina y desnaturalizar los limites estructurales de un sistema que hoy quedan al descubierto. Desde la Educación Popular hace mucho tiempo que se vienen pensando, proponiendo y construyendo otras formas de educarnos y de hacer escuela, en comunidad y desde la organización popular. Muchas organizaciones seguimos construyendo y continuando ese legado, creando experiencias disruptivas que buscan reinventar la educación desde una perspectiva participativa y emancipadora. Construimos escuelas en los barrios olvidados por el sistema educativo tradicional. Nos organizamos para garantizar el deseo y derecho a la educación de las personas adultas que no han podido continuar su escolarización por lo expulsivo que resulta este sistema para quienes menos recursos tienen. Problematizamos las desigualdades, las visibilizamos y nos organizamos como pueblo para conquistar nuestros derechos arrebatados, atendiendo a la importancia de lo vincular y de las relaciones comunitarias que se construyen desde lo pedagógico. Desde esos mismos lugares seguimos encontrándonos hoy, lidiando con las dificultades de la virtualidad, pero buscando siempre la manera de organizarnos, de escucharnos, de acompañarnos y de aprender juntes. El contexto de aislamiento social sin duda complejiza las cosas, pero es importante reparar que muchas de las dificultades que hoy salen a la luz nos hablan de dificultades y desigualdades estructurales previas a la pandemia. Hoy más que nunca queda al descubierto que la Educación Popular es la educación que necesitamos todes. Una educación que nos enseña a preguntarnos, a reflexionar sobre situaciones problemáticas y a construir salidas colectivas. Una educación que invita a la participación, al disfrute, a los contenidos con sentido. Hoy más que nunca necesitamos un proceso de transformación de la educación en el que todas las voces sean protagonistas. Para que cuando esto pase, no volvamos a pensar las escuelas como “edificios, aulas, salas, pizarras, programas, horarios, conceptos…” sino como ese lugar donde construir otros mundos posibles y, sobre todo, ser feliz.

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